lunes, 16 de marzo de 2009

miércoles, 11 de marzo de 2009

LA FUNDACIÓN

jueves, 5 de marzo de 2009

El día ocho de marzo, recordamos a las mujeres que sufren injusticias


El Día Internacional de la Mujer Trabajadora se refiere a las mujeres corrientes como artífices de la historia y hunde sus raíces en la lucha plurisecular de la mujer por participar en la sociedad en pie de igualdad con el hombre. En la antigua Grecia, Lisístrata empezó una huelga sexual contra los hombres para poner fin a la guerra; en la Revolución Francesa, las parisienses que pedían "libertad, igualdad y fraternidad" marcharon hacia Versalles para exigir el sufragio femenino.

Ésta es una celebración que las Naciones Unidas declararon en el año 1975, pero que tiene sus orígenes en el año 1908 en Nueva York. A comienzos de siglo, muchas mujeres se incorporaron al trabajo en las fábricas en unas condiciones muy duras: jornadas laborales larguísimas, de doce y más horas, recibiendo salarios inferiores a los de los hombres.

A medida que las mujeres se iban incorporando al mundo laboral, se hacía más evidente que aquella situación no era justa, y poco a poco empezaron a organizarse. Una de las protestas reivindicando mejores condiciones laborales fue la que protagonizaron las trabajadoras de la fábrica textil Cotton de Nueva York, en Estados Unidos.

Era el 8 de marzo de 1908 y las trabajadoras se encerraron en el interior para pedir que se les redujera su jornada laboral a 10 horas. El propietario de la fábrica decidió incendiar el edificio para hacerlas salir de allí, pero el resultado fue de 129 trabajadoras muertas.

El creciente movimiento internacional de la mujer, reforzado por las Naciones Unidas mediante cuatro conferencias mundiales sobre la mujer, ha contribuido a que la conmemoración sea un punto de convergencia de las actividades coordinadas en favor de los derechos de la mujer y su participación en la vida política y económica.

El Día Internacional de la Mujer es cada vez más una ocasión para reflexionar sobre los avances conseguidos, exigir cambios y celebrar los actos de valor y decisión de mujeres comunes que han desempeñado una función extraordinaria en la historia de los derechos de la mujer.

Pocas causas promovidas por las Naciones Unidas han concitado un apoyo más intenso y extendido que la campaña para fomentar y proteger la igualdad de derechos de la mujer. La Carta de las Naciones Unidas, firmada en San Francisco en 1945, fue el primer acuerdo internacional que proclamó que la igualdad de los sexos era un derecho humano fundamental. Desde entonces, la Organización ha contribuido a crear un legado histórico de estrategias, normas, programas y objetivos concertados internacionalmente para mejorar la condición de la mujer en todo el mundo.
En todos estos años las Naciones Unidas han actuado en cuatro direcciones concretas para mejorar la condición de la mujer: fomento de las medidas legales; movilización de la opinión pública y medidas internacionales; capacitación e investigación, incluida la reunión de datos estadísticos desglosados por sexo; y ayuda directa a los grupos desfavorecidos. Actualmente, uno de los principios rectores esenciales de la labor de las Naciones Unidas es que no puede hallarse una solución duradera a los problemas sociales, económicos y políticos más acuciantes de la sociedad sin la cabal participación y plena habilitación de las mujeres del mundo.

martes, 24 de febrero de 2009

Nuestro apreciado Zorann nos hace una aportación muy generosa

Antes de hacer mi pequeña aportación a este blog de la Biblioteca del Bosco, permítanme elogiar este proyecto cuyas intenciones no son otras, creo yo, que las de fomentar una práctica que nunca se tendría que dejar de llevar a cabo: la lectura. Y digo que siempre deberíamos seguir leyendo porque… bueno, las razones no cabrían en este formato, pero creo que hay una que sobresale de entre las demás; leyendo, uno es más rico, su bagaje personal es mayor, una persona que lee, ha crecido como persona. La lectura nos hace diferentes; no creo que haya nadie que, habiendo leído un libro, no haya cambiado algo en su vida. Soy, en estos momentos, tan optimista que me aventuraría a pensar que cualquier persona cuyos actos nos puedan parecer abominables, si es capaz de emocionarse con la lectura de un libro, en lo más recóndito de su interior, deja de ser tan horrible. Es posible que esto me lo rebatan mis doctos profesores de filosofía del Instituto (y digo esto sin sarcasmo alguno, más bien con la experiencia y el agradable recuerdo de quien ha sido su discípulo).

Hay una frase de Santa Teresa de Jesús que dice “Lee y conducirás, no leas y serás conducido”. Seguro estoy que la santa abulense estaba lejos de inculcarnos ideas de caudillaje cuando nos dejó esta frase; lo que nos quería transmitir es que no hemos de dejarnos conducir por nadie, hemos de ser libres y pensar por nosotros mismos; sapere aude, nos diría Kant. Y eso lo consigue, en buena medida, la lectura.

Por ello, repito, aplaudo esta iniciativa de la Biblioteca de nuestro instituto, que, además, en unos momentos tan críticos para las Ciencias Humanas, para las Letras, en los que se valora al máximo el avance tecnológico y se potencia el desarrollo de las Ciencias Físicas, Químicas, Biológicas… en detrimento, muchas veces, de las Ciencias Humanísticas, es una luz que quiere iluminar esa parte de la formación personal y académica de los individuos, tan necesaria e imprescindible como las otras.

Ya por último, quiero expresar mi agradecimiento al Instituto, a la Biblioteca y a quienes están al cargo de éstos por la posibilidad que me brindan, a través de este medio, de mantenerme en contacto con todos vosotros, profesores, alumnos y demás miembros de este Instituto de Educación Secundaria “Juan Bosco” al que sólo se aprecia en totalidad cuando ya no se le tiene. Sé que esto es un tópico pero os puedo asegurar que es cierto. Disfrutad todo lo que podáis del Instituto y de lo que se os ofrece porque ahí se forja una parte importante de la vida y personalidad de los estudiantes. De eso doy fe.

El primer aporte que hago a este Blog tiene como objeto un libro que me hizo enamorarme de la lectura. Hasta conocerlo, sentía (y lo digo con profunda vergüenza y arrepentimiento) un cierto desprecio hacia la lectura. La contemplaba como una pérdida de tiempo y, desde luego, como un aburrimiento. Por ello fue que sólo a la edad de trece años empecé a sentir atracción por descubrir lo que se encerraba en aquéllas páginas que, unidas unas a otras formaban unos libros que descansaban en los estantes de mi biblioteca.

Este primer libro que leí se titula Los renglones torcidos de Dios. Su autor es Torcuato Luca de Tena. Y quiero empezar con este libro mis colaboraciones en esta publicación (amenazo con que serán más si me dejan) ya que hay entre el Juan Bosco, el libro y yo una relación de gran afecto.

Para empezar fue una maestra de este Instituto quien me lo regaló, mejor dicho, se lo regaló a mi madre. Y, años más tarde, en un trabajo de presentación en el aula, en la asignatura de Psicología, tuve la suerte de tratar un tema que está contemplado en el libro, más aun, del que éste trata: la paranoia. A raíz de este trabajo, lo volví a leer con mucho agrado y, desde luego, comprendiendo mucho mejor su contenido. Tenía mejores conocimientos del idioma, mejores conocimientos del tema referido, más años…

Los renglones torcidos de Dios, trata, como digo, de la paranoia. Nos presenta a una mujer, Alice Gould que, creyendo ser una detective privada, es ingresada en un sanatorio mental en el que su cometido será el de descubrir al asesino del padre de su cliente, Raimundo García del Olmo. Los paranoicos, como bien sabrán mis colegas de Psicología de 2º de Bachillerato, son unas personas con una inteligencia tal que son capaces de, en caso de ser descubiertos en una mentira, inventarse alguna excusa por la que queda totalmente claro que cuando estaban mintiendo era con anterioridad y que en este momento es cuando están diciendo la verdad. Alice Gould será una perfecta muestra de este tipo de enfermos, de tal manera que será capaz de engañar a los médicos hasta el punto en que éstos no sabrán si “ha sido ingresada injustamente o padece realmente un grave y peligroso trastorno psicológico”

Pero, además de la historia de Alice se nos hace una radiografía de la vida en un centro de este tipo.

Nos muestra (el autor estuvo ingresado voluntariamente en un sanatorio mental durante un tiempo para conocer de primera mano la situación) la miseria humana, la degradación a la que se puede llegar fruto de las terribles enfermedades psíquicas que las personas pueden sufrir; enseña, sin paliativo alguno pero, a la vez, sin caer en el tremendismo, el drama diario de enfermos, enfermeros, médicos y demás empleados del sanatorio en su lucha por seguir luchando un día más.

Todo ello lo consigue el autor a través de diferentes historias paralelas con las que la protagonista tendrá contacto y que nutrirán de forma armoniosa el cómputo total del libro.

Poco más me queda por decirles; lean el libro y seguramente entenderán por qué se lo recomiendo.

Un saludo y hasta pronto.

Zorann Petrovici

miércoles, 18 de febrero de 2009

jueves, 22 de enero de 2009

Con Paula Sánchez-Aguilera Sánchez-Paulete inauguramos la sección de colaboraciones ¡Gracias por este espeluznante artículo!

Leyendo y leyendo decido dejaros un pequeño artículo de la revista Muy Interesante (o muy recomendable…)

SALVAR EL MUNDO Y SALVARNOS NOSOTROS MISMOS

“En una región remota del noroeste del Pacífico dicen que no para de crecer un gran mar de los sargazos hecho de botellas y de bolsas y residuos de plástico, una plataforma flotante llevada allí por las corrientes marinas desde los litorales de todos los continentes, formando poco a poco un gran continente de basuras en el que peces y pájaros quedan atrapados, y en el que los veleros encallan sin poder avanzar. El envoltorio de un helado que te tomaste en la playa hace diez años puede estar allí, y también la cucharilla de plástico que tiraste en la arena después de chuparla distraídamente por última vez; la bolsa de plástico en la que llevaste la merienda puede haber asfixiado a una tortuga o a una foca. La botella de agua que ni siquiera terminaste de beber y arrojaste al río mientras dabas un paseo navegará por los mares durante al menos quinientos años, llevando en sí misma el mensaje de una frívola inconsciencia cuyo precio cada uno de nosotros está empezando a pagar.”

Antonio Muñoz Molina

Miembro de la Real Academia Española

miércoles, 21 de enero de 2009

EN EL BICENTENARIO DEL NACIMIENTO DE EDGAR ALLAN POE OS PROPONEMOS LEER


El corazón delator

Edgar Allan Poe

¡Es cierto! Siempre he sido nervioso, muy nervioso, terriblemente nervioso. ¿Pero por qué afirman ustedes que estoy loco? La enfermedad había agudizado mis sentidos, en vez de destruirlos o embotarlos. Y mi oído era el más agudo de todos. Oía todo lo que puede oírse en la tierra y en el cielo. Muchas cosas oí en el infierno. ¿Cómo puedo estar loco, entonces? Escuchen... y observen con cuánta cordura, con cuánta tranquilidad les cuento mi historia.

Me es imposible decir cómo aquella idea me entró en la cabeza por primera vez; pero, una vez concebida, me acosó noche y día. Yo no perseguía ningún propósito. Ni tampoco estaba colérico. Quería mucho al viejo. Jamás me había hecho nada malo. Jamás me insultó. Su dinero no me interesaba. Me parece que fue su ojo. ¡Sí, eso fue! Tenía un ojo semejante al de un buitre... Un ojo celeste, y velado por una tela. Cada vez que lo clavaba en mí se me helaba la sangre. Y así, poco a poco, muy gradualmente, me fui decidiendo a matar al viejo y librarme de aquel ojo para siempre.

Presten atención ahora. Ustedes me toman por loco. Pero los locos no saben nada. En cambio... ¡Si hubieran podido verme! ¡Si hubieran podido ver con qué habilidad procedí! ¡Con qué cuidado... con qué previsión... con qué disimulo me puse a la obra! Jamás fui más amable con el viejo que la semana antes de matarlo. Todas las noches, hacia las doce, hacía yo girar el picaporte de su puerta y la abría... ¡oh, tan suavemente! Y entonces, cuando la abertura era lo bastante grande para pasar la cabeza, levantaba una linterna sorda, cerrada, completamente cerrada, de manera que no se viera ninguna luz, y tras ella pasaba la cabeza. ¡Oh, ustedes se hubieran reído al ver cuán astutamente pasaba la cabeza! La movía lentamente...

Para seguir leyendo:

Ciudad Seva

Y para ver: